10.19.2010

Comprometidos.

Comprometidos

Los comprometidos, famosos o no, gozan en estos días de una aureola de santidad, aunque las causas e ideologías con las que voluntariamente dicen haber hecho un pacto de sangre sean criminales. Otra farsa de nuestra época.

El comprometido ha hecho un pacto, sí, con una idea, con un grupo determinado, con una religión. Y se convierte en una terminal de ese poder, en un altavoz, en un lorito mordedor. Ha decidido perder su capacidad de crítica, su escepticismo y su sentido común. Es una marioneta, una muñeca meona.

Su mundo se divide en dos extremos, muy fáciles de identificar.
Los nuestros, todo lo bueno procede de ellos, somos los salvadores del planeta, los progresistas, los buenos de la historia.
Los malos, el resto del mundo, todo aquel que no está en el primer grupo, son ateos comunistas o, por el contrario, creyentes, son el malvado capital, los poderosos, los de siempre.

Al comprometido no le interesan la razón o la verdad, si su idea está o no equivocada, se cierra en si mismo, si los suyos cometen canalladas, las justifica. Así va por la vida. Está orgulloso, la sociedad tiene buena opinión de él por "tener ideales" o "estar comprometido." Parece que la gente creyera necesario perder la razón durante una parte de la juventud, darle la espalda a la sensatez.

Qué mal gusto, qué imbecilidad oír acerca de profesionales "comprometidos" (no lo serán), de estudiantes "activistas" (poco aprenderán, a excepción de cómo ser un gilipollas), de artistas y famosos que usan su popularidad para hacer un asqueroso proselitismo. Ejemplos tenemos mil.

Malignos y apestosos son los artistas "comprometidos", si es cierto su compromiso, como vendedores que son de un bien de consumo (aunque ellos lo llamen arte) se ponen en contra de una parte de la sociedad, atacan a una parte de la demanda. No faltarán entonces las manifestaciones de adhesión, de fidelidad ciega, de fe, al fin y al cabo.
Utilizarán su popularidad para captar nuevos adeptos y muchos los creerán, como si por ser famosos fueran de una raza especial o nunca pudieran estar equivocados. Algunos parece que quisieran compensar su riqueza mostrándose como mecenas solidarios del mundo, reclamos recaudadores de otros intereses poco claros en realidad.

El comprometido real que no se cae del guindo nunca podrá superar su nivel, no tendrá los puestos de trabajo de los "recomendados" y nunca los favores que recibe "el protegido". También es lógico, puesto que sus amos nunca van a pagar a un esclavo agradecido de serlo.
El comprometido no puede trabajar con honestidad, ni tampoco pensar de forma objetiva, siempre está sesgado, siempre desenfoca a favor de su idea hasta la náusea. No le sacas de ahí, es un sectario.


Sus causas pueden ser malvadas, censurables, así que hay que tener cuidado de no caer en las redes del comprometido, de no darle cancha alguna. Es un agente, un robot a distancia. Ahí se quede en su miseria.

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