Los comprometidos, famosos o no,
gozan en estos días de una aureola de santidad, aunque las causas e ideologías
con las que voluntariamente dicen haber hecho un pacto de sangre sean
criminales. Otra farsa de nuestra época.
El comprometido ha hecho un
pacto, sí, con una idea, con un grupo determinado, con una religión. Y se
convierte en una terminal de ese poder, en un altavoz, en un lorito mordedor.
Ha decidido perder su capacidad de crítica, su escepticismo y su sentido común.
Es una marioneta, una muñeca meona.
Su mundo se divide en dos extremos,
muy fáciles de identificar.
Los nuestros, todo lo bueno
procede de ellos, somos los salvadores del planeta, los progresistas, los
buenos de la historia.
Los malos, el resto del mundo,
todo aquel que no está en el primer grupo, son ateos comunistas o, por el
contrario, creyentes, son el malvado capital, los poderosos, los de siempre.
Al comprometido no le interesan
la razón o la verdad, si su idea está o no equivocada, se cierra en si mismo,
si los suyos cometen canalladas, las justifica. Así va por la vida. Está
orgulloso, la sociedad tiene buena opinión de él por "tener ideales"
o "estar comprometido." Parece que la gente creyera necesario perder
la razón durante una parte de la juventud, darle la espalda a la sensatez.
Qué mal gusto, qué imbecilidad
oír acerca de profesionales "comprometidos" (no lo serán), de
estudiantes "activistas" (poco aprenderán, a excepción de cómo ser un
gilipollas), de artistas y famosos que usan su popularidad para hacer un
asqueroso proselitismo. Ejemplos tenemos mil.
Malignos y apestosos son los
artistas "comprometidos", si es cierto su compromiso, como vendedores
que son de un bien de consumo (aunque ellos lo llamen arte) se ponen en contra
de una parte de la sociedad, atacan a una parte de la demanda. No
faltarán entonces las manifestaciones de adhesión, de fidelidad ciega, de fe,
al fin y al cabo.
Utilizarán su popularidad para
captar nuevos adeptos y muchos los creerán, como si por ser famosos fueran de
una raza especial o nunca pudieran estar equivocados. Algunos parece que
quisieran compensar su riqueza mostrándose como mecenas solidarios del mundo,
reclamos recaudadores de otros intereses poco claros en realidad.
El comprometido real que no se
cae del guindo nunca podrá superar su nivel, no tendrá los puestos de trabajo
de los "recomendados" y nunca los favores que recibe "el
protegido". También es lógico, puesto que sus amos nunca van a pagar a un
esclavo agradecido de serlo.
El comprometido no puede
trabajar con honestidad, ni tampoco pensar de forma objetiva, siempre está
sesgado, siempre desenfoca a favor de su idea hasta la náusea. No le sacas de
ahí, es un sectario.
Sus causas pueden ser malvadas,
censurables, así que hay que tener cuidado de no caer en las redes del comprometido,
de no darle cancha alguna. Es un agente, un robot a distancia. Ahí se quede en
su miseria.
Publicado el 05-03-2008.
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