El infierno es un muro macizo que se alza altanero, creando
al pasar las horas impuras sombras alargadas que se desplazan siniestramente.
Una confusión de salientes blancos heterogéneos a punto de derrumbarse, una
sucesión de telas verdosas gastadas por los efectos del sol y del tiempo que
muestran un envés florido lleno de miseria y mal gusto.
Unos trasteros elevados a plena luz, una colección de
herrumbrosas barandillas agonizantes, es un tendedero que vomita sus entrañas
de mil colores.
El infierno es una procesión interminable de coches,
mansamente estabulados, acaparando el espacio de las calles, agobiando la vista
con sus monótonos tonos habituales, salpicados de negras excretas aviares.
Pasillos largos tapizados de duras reliquias antaño mascadas que se aferran a
la vida y mojones de todo tamaño y consistencia, desparramados al sol sin
prisas ni ambiciones. Esquinas fétidas de olores gatunos con imborrables
manchas como testigo de su historia de pesadilla.
El infierno es una vespino molestando como una avispa en la
sobremesa, vehículos veloces que atraviesan los caminos tronando de la forma
más desagradable posible. Son ritmos repetitivos y nauseabundos emergiendo de
los cubículos para permanecer atormentando durante horas o, por el contrario,
hacerse cada vez más débiles hasta desaparecer en la nada de la que una vez
surgieron. Es una débil cortina que incesantemente se deja oír en la lejanía,
producto de la unión de unidades más pequeñas, así como las abejas forman
enjambre.
El infierno es un calor insoportable escapando desde las
alturas para mortificar la tierra, castigando los cuerpos con apestosos sudores
salados. Un resol cegador en cada esquina, que impide la visión del mundo. Una
luz amarillenta, irreal, enfermiza, ponzoñosa, que esconde las estrellas e
impregna cada rincón para corromperlo. El infierno son las múltiples lenguas
que de las televisiones se escuchan con grosería, es un niño llorando, su
hermano mayor gritando como un poseso, su primo adolescente drogándose en
infame compañía, su padre aullando los goles, su madre llamando a la cena o
hablando a voces en la peluquería, es la mascota ladrando a un motorista, son
los ruidos de los platos en el fregadero, las lavadoras y los aparatos de aire
acondicionado, es el melonero y el tapicero en la puerta de su casa, son las
continuas y pegajosas obras de polvo y espanto, es el vecino probando el motor,
es el gato en celo y el del vespino que vuelve a pasar haciendo más ruido que
nunca, para dejar huella imperecedera de su paso por el Infierno.
Publicado originalmente en windows live spaces el 29-08-2009.
ResponderEliminarPipety ... - 27 Oct, 2009 -Un texto GENIAL Aeolis...es supremo el último párrafo. Me encanta cómo escribes, cómo describes lo cotidiano... El infierno es Madrid...aunque también para mí de cuando en cuando, es el cielo...:)
ResponderEliminarEntonces unos tapones de gomaespuma serían casi una salvación? Si el infierno está en los sentidos, por qué cuando sueño a veces estoy en el mio? por qué ardo por dentro?
ResponderEliminarMe encanta como a pesar de tu cardiopatia te atreves a emocionarte y aceleras el paso en el último párrafo. Yo también creo que es muy bueno.
Salva tu espacio, por lo que más quieras.
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