10.19.2010

El infierno.

EL INFIERNO

El infierno es un muro macizo que se alza altanero, creando al pasar las horas impuras sombras alargadas que se desplazan siniestramente. Una confusión de salientes blancos heterogéneos a punto de derrumbarse, una sucesión de telas verdosas gastadas por los efectos del sol y del tiempo que muestran un envés florido lleno de miseria y mal gusto.
Unos trasteros elevados a plena luz, una colección de herrumbrosas barandillas agonizantes, es un tendedero que vomita sus entrañas de mil colores.

El infierno es una procesión interminable de coches, mansamente estabulados, acaparando el espacio de las calles, agobiando la vista con sus monótonos tonos habituales, salpicados de negras excretas aviares. Pasillos largos tapizados de duras reliquias antaño mascadas que se aferran a la vida y mojones de todo tamaño y consistencia, desparramados al sol sin prisas ni ambiciones. Esquinas fétidas de olores gatunos con imborrables manchas como testigo de su historia de pesadilla.

El infierno es una vespino molestando como una avispa en la sobremesa, vehículos veloces que atraviesan los caminos tronando de la forma más desagradable posible. Son ritmos repetitivos y nauseabundos emergiendo de los cubículos para permanecer atormentando durante horas o, por el contrario, hacerse cada vez más débiles hasta desaparecer en la nada de la que una vez surgieron. Es una débil cortina que incesantemente se deja oír en la lejanía, producto de la unión de unidades más pequeñas, así como las abejas forman enjambre.


El infierno es un calor insoportable escapando desde las alturas para mortificar la tierra, castigando los cuerpos con apestosos sudores salados. Un resol cegador en cada esquina, que impide la visión del mundo. Una luz amarillenta, irreal, enfermiza, ponzoñosa, que esconde las estrellas e impregna cada rincón para corromperlo. El infierno son las múltiples lenguas que de las televisiones se escuchan con grosería, es un niño llorando, su hermano mayor gritando como un poseso, su primo adolescente drogándose en infame compañía, su padre aullando los goles, su madre llamando a la cena o hablando a voces en la peluquería, es la mascota ladrando a un motorista, son los ruidos de los platos en el fregadero, las lavadoras y los aparatos de aire acondicionado, es el melonero y el tapicero en la puerta de su casa, son las continuas y pegajosas obras de polvo y espanto, es el vecino probando el motor, es el gato en celo y el del vespino que vuelve a pasar haciendo más ruido que nunca, para dejar huella imperecedera de su paso por el Infierno.

4 comentarios:

  1. Publicado originalmente en windows live spaces el 29-08-2009.

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  2. Pipety ... - 27 Oct, 2009 -Un texto GENIAL Aeolis...es supremo el último párrafo. Me encanta cómo escribes, cómo describes lo cotidiano... El infierno es Madrid...aunque también para mí de cuando en cuando, es el cielo...:)

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  3. Entonces unos tapones de gomaespuma serían casi una salvación? Si el infierno está en los sentidos, por qué cuando sueño a veces estoy en el mio? por qué ardo por dentro?

    Me encanta como a pesar de tu cardiopatia te atreves a emocionarte y aceleras el paso en el último párrafo. Yo también creo que es muy bueno.

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  4. Salva tu espacio, por lo que más quieras.

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