El joven de los buenos deseos.
Oíd el relato del jóven de los buenos deseos.
Fué un jóven de buenos deseos a ver a un solitario de Palestina, para que le enseñase a corregirse de sus defectos.
El solitario lo llevó al huerto y le mandó arrancar un arbolito que aún era muy tierno. El jóven lo arrancó sin dificultad.
Mandóle luego arrancar otro arbolito mayor que el primero y también lo arrancó, pero con mayor trabajo.
"Arranca ahora este, le dijo el solitario" Era el árbol ya mayor y no pudo por más que trabajó. El solitario le dijo entonces:
"Así pasa con los defectos; los has de arrancar en cuanto comiencen a nacer, porque si los dejas que echen raíces en el alma, cuesta mucho más y a veces no se puede."
Estas fueron las palabras del solitario.
Publicada en windows live spaces el 18-10-2007 a las 21:15.
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