Estoy con la serpiente.
Un ofidio trabajador, constante,
paciente y esforzado.
El perro, todo lo contrario,
vive sin ganarse la vida, en un mundo continuo de juegos, malcriado por sus
dueños, inconsciente, incapaz siquiera de salvar su propia vida. Los dueños, señores
del confort, no se molestaron en salvarle, una grabación curiosa sirvió de
epitafio al pobre can. Así te protegieron los amos, insensato.
La serpiente, oculta, tiene que
luchar cada día por seguir con vida, está contra todos porque todos están
contra ella. Es la ley de su vida. Enemiga mortal de pequeños mamíferos y aves.
Cuando alcanza gran tamaño, como ésta, amenaza a presas de envergadura. Piensa
sus movimientos, detecta a su presa y prepara emboscadas. Es una superviviente.
De colores hermosos y vivos, a
diferencia del can. De singular belleza en sus formas, no como el can. Sus
escamas perfectas en uniformidad, mientras que los pelos mal cortados del
can... Definitivamente, estoy con la serpiente.
El perro lo tenía todo a su
favor, estar en su terreno, la protección de los humanos... de nada le sirvió.
La serpiente lo tenía todo en contra... venció. Estoy con la serpiente.
El can nada pudo hacer para
evitar su final, vivía de prestado y nunca lo supo. Se confió en la seguridad
de su ambiente, en sus amos. La serpiente confió en sí misma.
El gato de la familia fue la
primera victima del ofidio invasor, no pudiendo, sin embargo, tragárselo. Los
humanos no aprendieron la lección, la serpiente sí y en su siguiente ataque
triunfó. La serpiente les dio una lección.
Publicado originalmente en windows live spaces el 02-03-2008.
ResponderEliminar