10.19.2010

Estoy con la serpiente.


Estoy con la serpiente.

Un ofidio trabajador, constante, paciente y esforzado.
El perro, todo lo contrario, vive sin ganarse la vida, en un mundo continuo de juegos, malcriado por sus dueños, inconsciente, incapaz siquiera de salvar su propia vida. Los dueños, señores del confort, no se molestaron en salvarle, una grabación curiosa sirvió de epitafio al pobre can. Así te protegieron los amos, insensato.

La serpiente, oculta, tiene que luchar cada día por seguir con vida, está contra todos porque todos están contra ella. Es la ley de su vida. Enemiga mortal de pequeños mamíferos y aves. Cuando alcanza gran tamaño, como ésta, amenaza a presas de envergadura. Piensa sus movimientos, detecta a su presa y prepara emboscadas. Es una superviviente.

De colores hermosos y vivos, a diferencia del can. De singular belleza en sus formas, no como el can. Sus escamas perfectas en uniformidad, mientras que los pelos mal cortados del can... Definitivamente, estoy con la serpiente.

El perro lo tenía todo a su favor, estar en su terreno, la protección de los humanos... de nada le sirvió. La serpiente lo tenía todo en contra... venció. Estoy con la serpiente.

El can nada pudo hacer para evitar su final, vivía de prestado y nunca lo supo. Se confió en la seguridad de su ambiente, en sus amos. La serpiente confió en sí misma.

El gato de la familia fue la primera victima del ofidio invasor, no pudiendo, sin embargo, tragárselo. Los humanos no aprendieron la lección, la serpiente sí y en su siguiente ataque triunfó. La serpiente les dio una lección.

La serpiente ha vencido y yo estoy con la serpiente.


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