10.19.2010

Gasterópodos.

Gasterópodos.


Por la noche algo se mueve entre el césped del chalet. Un movimiento sutil, que pasa fácilmente desapercibido. Todo sigue en calma. A lo lejos las luces amarillas de la urbanización, cerca las luces doradas del interior de la casa. El césped, recién regado, exhala vida.
Otro movimiento casi imperceptible. Ya están aquí. Han salido alegres a disfrutar del frescor de la noche. Viven tranquilas sin meterse con nadie, lentamente se deslizan con sigilo. Tienen hambre y van a por las plantas, todo un manjar. El jardín está repleto de ricas viandas, lozanas, con hojas ostentosas, húmedas. Sí, las babosas son felices viviendo aquí.

No tienen necesidad de desplazarse durante mucho tiempo, pronto encuentran alimento. Creando baba, caminan sobre un colchón gelatinoso. Una solución cómoda, pero que gasta mucha agua y las deja vulnerables. Otean el horizonte con sus tentáculos, moviéndolos graciosamente con alegría. Se ponen a comer tranquilas, las plantas están bien cuidadas en ese jardín. Alguna se queda a medio camino, en las baldosas o en los escalones, es entonces cuando queda al descubierto, desprotegida.
Los habitantes de la casa se percatan de su presencia y como buenos jardineros se disponen a erradicarlas, al igual que un pastor haría con el lobo que ataca al rebaño. Aquí lo tienen fácil, las babosas no tienen oportunidad de defenderse, tan sólo esperan poder esconderse a tiempo.

Llegan los dueños con el arma más temida: la sal. Maléfica y horrorosa arma de destrucción babosil. La muerte llega por contacto, los granos infames tocan la piel de la desdichada babosa y en el acto la deshidratan, destruyendo los tejidos. Qué fin más horroroso. Los gasterópodos no se dan cuenta del avance de sus verdugos, tan concentrados como están en su comida. Fríamente, los dueños salvan sus plantas ajusticiando a algunas babosas rebeldes, pero no caen todas, algunas se han salvado escondidas en los tiestos. Estas serán las que se reproducirán, originando una nueva generación de babosas.

Cansados, los dueños se van a acostar, algo temerosos por la posibilidad de ser atracados. Mientras, en el jardín, las babosas siguen comiendo, felices y contentas por seguir con vida y tener comida, viviendo en este maravilloso lugar que es su hogar.

2 comentarios:

  1. Publicado originalmente en windows live spaces el 20-02-2008.

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  2. Pipety ... - 24 Feb, 2008 -La verdad que aunque son inofensivas, me dan bastante repelús...y eso que los caracoles me gustan...ya ves...el simple hecho de llevar una concha encima...
    Saludos!

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