Gatos señoriales, mininos aristocráticos que se desplazan de
forma distinguida.
En la soledad de la casa son los amos, cuando reinan sobre
la quietud. Reclinados en bellos cojines, con largos bigotes exuberantes.
Ojos abiertos y vigilantes, extraños, hermosamente bellos,
incomprensibles y enigmáticos. Ojos felinos de piedras preciosas.
La pálida luz blanca que entra por los espacios entre
las cortinas reflejada en su piel sedosa, cálida y acogedora. Colores pardos
para un millón de suaves y finos cabellos. Manto de belleza con líneas
rasgadas.
Pies suaves, terribles uñas afiladas. Pasos silenciosos que
no van a ninguna parte. Andares gatunos.
Cola alzada, orejas graciosas de bellas líneas. Sentidos
agudos, intuición felina.
Reflejos del rayo, agilidad de artista, prodigiosos
saltos imposibles en el vacío, amos del aire.
Agazapados tras las mesas, ocultos de indiscretas miradas se
muestran cuando ellos lo permiten. Beben tranquilos con distinción, sin prisas.
Lengua gatuna que limpia el pelaje de forma metódica y radiante.
Maullidos débiles, sensibles gemidos con la belleza de la
música. Tiernos sonidos que resuenan en el silencio.
Sombras oscuras de movimientos furtivos, pobremente
percibidos.
Marcas de arañazos, indicios de su territorio. A sus anchas
en la soledad de la casa, a su antojo por los largos pasillos que se oscurecen
al devenir del día.
De finos modos, sentados sobre sus patas contemplando el
mundo. Nariz corta y bella.
Impulso prodigioso, bucean en el aire, de un salto grácil
suben hasta lo más alto del sillón y allí, recostados, siguen esperando su
momento.
Publicado originalmente en windows live spaces el 03-05-2009.
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