10.19.2010

Gatos señoriales.

GATOS SEÑORIALES.

Gatos señoriales, mininos aristocráticos que se desplazan de forma distinguida.
En la soledad de la casa son los amos, cuando reinan sobre la quietud. Reclinados en bellos cojines, con largos bigotes exuberantes.
Ojos abiertos y vigilantes, extraños, hermosamente bellos, incomprensibles y enigmáticos. Ojos felinos de piedras preciosas.
La pálida luz blanca que entra por los espacios entre las cortinas reflejada en su piel sedosa, cálida y acogedora. Colores pardos para un millón de suaves y finos cabellos. Manto de belleza con líneas rasgadas.

Pies suaves, terribles uñas afiladas. Pasos silenciosos que no van a ninguna parte. Andares gatunos.
Cola alzada, orejas graciosas de bellas líneas. Sentidos agudos, intuición felina.
Reflejos del rayo, agilidad de artista, prodigiosos saltos imposibles en el vacío, amos del aire.
Agazapados tras las mesas, ocultos de indiscretas miradas se muestran cuando ellos lo permiten. Beben tranquilos con distinción, sin prisas. Lengua gatuna que limpia el pelaje de forma metódica y radiante.

Maullidos débiles, sensibles gemidos con la belleza de la música. Tiernos sonidos que resuenan en el silencio.
Sombras oscuras de movimientos furtivos, pobremente percibidos.
Marcas de arañazos, indicios de su territorio. A sus anchas en la soledad de la casa, a su antojo por los largos pasillos que se oscurecen al devenir del día.
De finos modos, sentados sobre sus patas contemplando el mundo. Nariz corta y bella.

Impulso prodigioso, bucean en el aire, de un salto grácil suben hasta lo más alto del sillón y allí, recostados, siguen esperando su momento.

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