10.19.2010

The gift.

The gift

Volvía de la calle Tres Cruces, en pleno centro de putiferio de Madrid, de llevar la PlayStation 2 a unos piratas para que me pusieran el maligno chip, con el que poder realizar perversas acciones contra la propiedad intelectual, cuando decidí, con la caja de dicha consola todavía en la mano, visitar la famosa y conocida Tienda de Néstor, con objeto de pasar la tarde.

Pero cerca de la misma, viendo unos contenedores de cartón, se me ocurrió divertirme a costa de los jugones del cercano local de juegos en red, ahora tristemente desaparecido. Así que junto con Néstor, decidimos poner en la caja una piedra de buen tamaño y un educado posit dentro de la caja y esperar la salida del colegio de los alumnos de La Casita de la Virgen, noble centro también conocido por el aparcamiento privado que han edificado las religiosas debajo del patio.

La caja, en el suelo, no despertó la atención de los chavales aunque sí la de los progenitores, más para darle patadas que para revolver su contenido con ilusión.
Así que, viendo que de esta forma no se conseguía nada, se procedió a depositar dicha caja en el alféizar de la tienda de juegos en red, con cuidado para no interrumpir a los chavales de sus partidas de Counter. Con movimientos felinos, procedimos a esperar los acontecimientos escondidos en las cercanías.

De inmediato salió un jugón malote a echar un piti, sorprendiéndose de la caja que misteriosamente se había materializado de la nada. ¿Sería acaso un regalo del dios de las maquinitas? ¿Qué significaba esto? La obtusa mente del jugón no podía asimilarlo en soledad y llamó a sus compis.
Súbitamente aparecieron cuatro o cinco jugones adicionales, de diferentes formas y tamaños. Intrigados, algunos ilusionados. ¿Será una bomba o una consola perdida?

El más vacilón, un retaco con pinta de amo del recreo, procedió a abrir la caja, era suya por derecho, la curiosidad pudo con él. La consola que tanto deseaba a su alcance. Un momento, pensó: “la compartiremos”. Sin más dilación se dispuso a abrirla, los otros le ayudaron. Algunos le apremiaban con insistencia. ¿Qué es esto? Una piedra llena de mierda, del parque de la esquina. Y un mensaje aleccionador: “Gilipollas”.
De esta cruda forma han aprendido estos zagales que las cosas que son demasiado buenas para ser ciertas es que no lo son. Y el más importante consejo de no abrir nunca paquetes sospechosos.


A la caja le quedaban segundos de vida, pues acto seguido la emprendieron a patadas con ella, reduciéndola a trozos informes de cartón. Nunca más volvería a contener algo, nunca podría criar polvo en un trastero.

1 comentario: