10.19.2010

La señal de fuego.

La señal de fuego

12 de Febrero del 2005
La duda se abate sobre mí, se aproximan los exámenes y una pregunta surge en mi mente. Es la hora de la elección, sólo una de estas dos asignaturas van a ser estudiadas, Galénica o Farmacocinética, una de ellas será olvidada, la otra no. El problema es la elección.
Miles de conjeturas son posibles y el camino no está claro. Dudoso, me dirijo junto a dos de mis amigos a la maligna y blasfema calle del Libro, pues a falta de apuntes de Galénica espero completar la información con la sabiduría acumulada en el prohibido volumen del Tratado de Farmacia Galénica, de dos impíos autores.

Una vez allí, se localiza el local, tan antiguo como maligno, y se entra con recelo, mirando el cielo azul por si acaso no se volviera a ver más. El libro prohibido tiene un precio prohibitivo, pero un hombre en mi situación necesita de esos arcanos conocimientos. Hay pensamientos de fuga, pero el libro pesa y quién sabe qué oscuros poderes tendrá el librero. Se hace la transacción y el libro y sus conocimientos pasan a mis manos.

Fuera de la corruptora influencia de esa calle, la duda reaparece: ¿Me presentaré al examen de Galénica? Faltan pocos días y habría que estudiar bastante; por otro lado, para Farmacocinética hay tiempo de sobra y los conocimientos son más amplios. Sigue la duda, necesito una señal de los Dioses. Una señal de fuego o del tipo que sea.
Sin saber cómo ni por qué, cojo un autobús cuya línea no había tomado antes, pero que me llevará igualmente a mi destino: mi casa, en donde podré decidir el futuro. Pero para mi sorpresa la maligna magia del libro o tal vez algún Dios transmutado en humano hace acto de presencia, tal como se aparecían a los grandes héroes aqueos y troyanos de la antigüedad. En el autobús distingo una figura, totalmente idéntica a la del profesor de galénica, el Gran Maestro. ¿Realmente es humano? ¿Se tratará de alguna señal? Y esto es lo más importante: ¿Cómo interpretarla? Necesito un oráculo.

De vuelta a casa, las distracciones mundanas apartan mi mente de estos prodigiosos acontecimientos, me siento abrumado por la profundidad de conocimientos que emanan del libro. Su peso, su aspecto, la apretada letra, denotan sufrimiento a la humanidad. Caigo en el sueño reparador y de forma subconsciente decido no presentarme al examen de Galénica. La señal no ha sido suficiente, no puede interpretarse con claridad.
A la mañana siguiente me levanto tarde pero con energías renovadas. Nada más despertar soy consciente de la noticia, el cielo parece nublado, durante la noche una antorcha de más de cien metros de altura se ha consumido hasta sus entrañas, ardiendo con furia.

He aquí una prueba del poder Invencible de Atenea.


Muchos meses habrían de pasar hasta que, reflexionando, supiera con certeza que mi elección de no presentarme fue un error, pero era difícil interpretar las señales en su tiempo. ¿O tal vez la voluntad no quería hacerles caso?

1 comentario:

  1. Publicado originalmente en windows live spaces el 25-10-2007 a las 20:55.

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