Había llovido por primera vez desde hacía mucho tiempo. La noche
estaba en calma. La niebla se extendía sutilmente desde las negras
profundidades del campo, la temperatura había bajado mucho, se notaba el frío
en el ambiente. Las gotas de lluvia colgaban como pequeños frutos de las
acículas de los pinos, brillando como miles de diamantes a la luz amarillenta
de las farolas, no queriendo desprenderse de su morada, sobre los tejados y
jardines las superficies empapadas reflejaban también la luz artificial, olía a
tierra húmeda, a petricor. Ya era tarde y los hombres dormían, ajenos a la
belleza del paisaje, no se oía nada en la noche, reinaba un silencio
expectante, contenido, hasta los animales del campo habían callado sus voces.
El animal estaba parado en la esquina, inmóvil, al menos en
apariencia, recogido sobre sí, guareciéndose del frío y de las tinieblas. Era
de un blanco puro, inmaculado, ya había sido avistado por la zona, su tamaño
también era respetable y su mente, totalmente ajena a la humanidad. Acaso
durmiera o acaso presintiera con sus sentidos, insondables, cercano el peligro.
Todo estaba en calma en la noche, ¿todo? De una ventana abierta de
la cual solo salía oscuridad podían intuirse pequeños movimientos, demasiado
sutiles para ser vistos, demasiado extraños para comprenderlos.
El animal se mueve, es un movimiento lento, pequeño, pero
suficiente para su propósito. Ahora sus sentidos están en alerta, vigilantes, y
a la vez la mitad de su ser sigue dormido, soñando con causar el mal a los
hombres.
De la ventana, portal de tinieblas, surge lentamente un filo, y
del filo un mango, y del mango una mano y de la mano un corazón aún más
tenebroso. El filo refulge a la luz de las farolas, el ingenio se mueve hasta
quedar parado, preparado. Ahora el silencio es capaz de cortar incluso la
cercana niebla, es el momento que se estaba fraguando.
Rápido como el rayo, el ingenio hiende el aire, se dirige hacia
el animal, busca dar muerte. El animal extiende sus alas con un movimiento
demasiado rápido para los ojos de los hombres y trata de escapar a la muerte.
Los dos cuerpos se tocan, el filo traspasa las plumas, pero
éstas son demasiado fuertes, el animal está preparado para sobrevivir, una
pluma cae, pero no se le presta atención, pues rápidamente el animal emprende
el vuelo y en una fracción de segundo desaparece tras la niebla como si nunca
hubiera existido, como si fuera una visión irreal de otro mundo.
Todo ha terminado, la pluma cae lentamente hasta posarse en el
lejano suelo, y cuando lo toca el campo vuelve a estar en silencio como antes.
Solo la pluma, ahora inmóvil sobre los jardines empapados, es mudo testigo de
la lucha por la supervivencia que ha tenido lugar. El campo está en calma.
Publicado originalmente en windows live spaces 28-09-2007 18:30.
ResponderEliminarNéstor Salas - 30 Sep, 2007 - Ché parecés argentino, q manera de dar rodeos para decir q eras vos con una navaja para intentar matar a la paloma en la terraza de tu casa. Che viste.
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