¿Qué es El Mirador? ¿Dónde está? ¿Existió alguna vez El Mirador
o todo fue fruto de la distorsión de los años?
El mirador no es, como pueda parecer a los ojos inexpertos, un
lamentable voyeur, sino un lugar concreto, un espacio elevado, debido al
cual, por su ubicación, se podía contemplar un muy recomendable panorama
del centro de la sierra noroeste.
El Mirador fue construido de forma que no puedo precisar, por
encontrarme en ese momento nonato, formaba parte de la Urbanización , pero
era sin duda un lugar de recreo y esparcimiento de sus vecinos, donde pronto se
construyeron dos pistas de petanca y varios bancos de piedra blanca.
El Mirador contenía un espacio de terrero rústico, encinares,
matorrales, principalmente Jaras y piedras graníticas, algunas de un tamaño muy
respetable. Poseía, como ya he dicho, los bancos de piedra y las pistas
acondicionadas para el esparcimiento de los jubilados. Rodeando el perímetro
del mirador que daba al campo, existía un bien cuidado seto de arizónicas que
le daba un remate ideal.
Al mirador se podía llegar mediante dos entradas ancestrales,
una de ellas la proyectada por los constructores, que llegaba por la parte baja
y otra, realizada a la fuerza por los vecinos vagos como atajo y reforzada
por miríadas de cagadas caninas. Esta última entrada llegaba al mirador por su
parte intermedia.
Había, en verdad, una tercera vía, mucho más peligrosa, que
consistía en subir a través de la gran roca que limitaba buena parte del
mirador con El Coto, esto en principio era sencillo aunque laborioso, pero
luego la vía aumentaba su pendiente, teniendo el caminante que subir por un
escarpado y resbaladizo tramo para luego atravesar el seto por un agujero en el
mismo.
Grandes momentos hubo en el mirador, pero el mal estaba
sembrado, pues con el paso del tiempo grupos de botelloneros primigenios,
llamados también Los de la
Litrona , acamparon en El Mirador y sus alrededores, sobre
todo al caer el sol. De esta forma hicieron del santuario su cuartel general,
entablando conflicto con los vecinos y con el medio ambiente. Con los primeros
la lucha fue pareja, con el segundo, desigual, pues poco pueden hacer las
plantas para evitar la destrucción a manos del hombre.
De esta suerte, El Mirador se llenó de bolsas de plástico,
botellas, latas, papeles y todo tipo de desperdicios, amén de las omnipresentes
mierdas caninas, que aparecen siempre que un lugar se descuida del buen
hacer.
Y así, un día los bancos de piedra aparecieron reducidos a
gravilla. ¿Quién fue? ¿Algún desgraciado lo bastante colocado para hacer tal
barbaridad? ¿Fue acaso un vecino que, harto de ruidos, se tomó la justicia por
su mano, haciendo daño?
Ni lo sé hoy, ni seguramente lo sepa mañana. No importa quién
fuera, el culpable merece que le hagan lo mismo con su cabeza.
El mayor peligro estaba por asomar: Los incendios. Varios fuegos
sufrió El Mirador, todos ellos devastadores. Curiosamente en zonas por las que
se intentaba pasar a la fuerza. No relataré los anteriores pues, aunque
hicieron daño, no tanto como el que voy a relatar.
¿Quién estaba detrás de los incendios? De uno en particular,
creo poder sospechar, sin temor de equivocarme.
Fuego. Alarma general, se quema El Mirador, unos gilipollas corriendo
calle abajo, tendrán cerca de catorce años y habría que darles 14.000 hostias
con un hierro ardiente. El fuego prende las arizónicas y las consume, todos los
matorrales y árboles de la pendiente también arden, veinte años para crecer y
la acción de tres anormales para destruirlos en veinte minutos, simplemente por
echar unas risas.
Andando como si nada, los criminales vuelven a la escena del
crimen, han dado la vuelta y ahora pasean como si acabaran de enterarse.
Y así, por esta cobarde y miserable acción, pereció buena parte
de El Mirador.
¿Qué queda entonces? Una sombra de lo que fue, con la triste
certeza que en el futuro será una sombra de lo que es.





Publicada originalmente en windows live spaces el 30-09-2007 5:45.
ResponderEliminarNéstor Salas - 30 Sep, 2007 - UUUUUUy q pena, snif, q bonito, q bonito!!!!!!!!!!!
ResponderEliminar