10.19.2010

Paradise Lost 2: Las Vallas.

Paradise Lost 2.
Las Vallas.

La urbanización era en tiempos abierta y libre, con céspedes y jardines cuidados y respetados. Las únicas vallas que podían existir eran las que la separaban de otras urbanizaciones menos cuidadosas y, por supuesto, los omnipresentes setos de arizónica.
Pero aún así, era libre la entrada a cualquiera.

Pero todo principio tiene un final y el de los jardines abiertos comenzaría a finales de la década de los 90, con el vallado de algunos de los bloques más cercanos al pueblo. La explicación era obvia: gamberrismo.
Quién sabe si los vecinos tenían razón o si se trataba de cuatro viejos amargados que querían impedir que jugaran los niños, el caso es que vallaron su bloque.

Tiempo después, el vandalismo comenzó a ser un problema, sobre todo, por las noches. Esto decidió a los vecinos de algunos portales de cierto bloque de cuyo nombre no quiero acordarme a vallar también sus jardines e, ilegalmente, una zona conocida por ser un paso público.
Comenzaron los enfrentamientos entre estos vecinos y otros, defensores de la justicia, que acabaron con la retirada vergonzosa de las vallas que estaban en situación ilegal. No obstante, el paso permaneció vallado, una Cisjordania en pequeño.

Por todas partes surgieron vallas y lo que era una urbanización libre se convirtió en un campo de trabajo. Hubo vecinos que, viviendo en un bajo, quisieron también tener jardín y vallaron por su cuenta una parte de la zona común, poniendo allí sus parras, arbolitos y hamacas porque ellos lo valían.

¿Y mi bloque? Tenía setos de arizónica, pero más tarde que pronto también cayó con la locura de las vallas. Y no una, sino dos. Valla doble, más avanzada que la de Melilla y rivalizando con la frontera Tejana. El problema era aquí el mismo: vandalismo. Y grave. Los botelloneros se introducían furtivamente amparados por la oscuridad de la noche y en los garajes hacían pintadas, realizaban hogueras y rayaban los coches. Ante esta amenaza se decidió poner una valla en la entrada a los garajes por las malas y así se hizo, creando un lamentable espectáculo. Pero el final de la historia no carece de cierta ironía, los vecinos del siguiente portal decidieron por su parte imitar el ejemplo, así que dos vallas consecutivas adornan ahora la entrada, con sus reflejos de la luz del sol.

El efecto de las vallas puede que en algunos casos haya conseguido sus fines, pero en otros ha creado aberraciones. En las zonas comunes no valladas, en las zonas de los jardines que no se vallaron, las plantas han sido sustituidas por cientos de mierdas caninas como metáfora del futuro. La basura que cae dentro de los jardines vallados permanece allí hasta que se desintegra por sus propios medios, a veces por desidia, otras por la imposibilidad técnica al no haber construido puertas y en tercer lugar por la aparición de los Señores de las Llaves, intrigantes vecinos megalómanos que tienen en sus manos el poder de abrir las pocas puertas que existen. ¿Y las zonas comunes valladas? Una palabra lo dice todo: Secas.


¿Qué nuevas vallas traerá el futuro? Por lo pronto, la nueva valla del Coto, alta y con refuerzo de muro de piedra en su base. Todo vallado, todo acotado. No queda sitio para la libertad.

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