10.19.2010

Se compra piso.

SE COMPRA PISO

Se Compra piso en barrio de Salamanca y alrededores. Abstenerse agencias. Hasta 450.000 euros. No importan hipotecas.

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¿De verdad creías que había gente que estaba dispuesta a comprar por ese precio en esta época de bajadas de pisos? Pues no hay y, si los hubiera, tontos serían de no vivir de alquiler.
Porque el ciclo ha cambiado, porque los tiempos son distintos.

Al igual que los ciclos cósmicos de renacimiento y muerte, tan presentes en la cosmología hindú, en este momento vivimos en un tiempo de bajadas. Ying o Yang en nada mandan. Arriba y abajo no significan nada. Este ciclo aparentemente infinito es el que importa: subidas y bajadas de pisos.
Que la burbuja haya estallado nada significa, el dinero es lo importante.

Antaño, en el pasado, miles de personas vieron como los precios de las casas subían a mayor velocidad que un miembro insuflado de vida con Levitra, hasta el infinito y más allá. Muchos, muchos ganaron millones con esto, otros perdieron los intereses de su dinero y bastantes aprovecharon para hipotecarse como antaño sus ancestros hicieran con los usureros. Muchos, muchos más sufrieron en sus vidas la imposibilidad de acercarse a una vivienda, cada vez más infladas, oscuro objeto de deseo.
El tejido de la burbuja iba creciendo, preparando su explosión.

Ahora, las tornas han cambiado. El duelo épico entre el vendedor y el comprador se eterniza hasta límites exasperantes. Los primeros, resisten en sus posiciones lo máximo posible antes de retirarse a trincheras de menor precio ante el imparable avance de la bajada. Los segundos, como aves de carroña, esperan con maligna sonrisa de satisfacción al ver cómo la presa va debilitándose para lanzarse sobre ella en el momento culminante.

Cartelitos. Millones, de todos los colores posibles, mueren lentamente en los portales. Cogen tiña y moho. Se decoloran. Soportan la lluvia y los vilanos con estoicismo. Algunos mueren a causa del viento y son reemplazados por sustitutos rápidamente.
Locales vacíos, sombríos, en todas las calles. Son las antiguas agencias inmobiliarias. Por los cristales se vislumbra un interior apagado, que casi puede dar lástima. En algunas es perceptible todavía la presencia de su antigua vida: papeles, fotografías de pisos, planos, sonidos de móviles, ambición en el aire... Ahora es el reino del trocito de papel tirado, de la cucaracha y el roedor, de las pelusas de polvo, inquebrantables en su quietud.

Es el ciclo, que ha cambiado. Una lucha entre grupos, bajo las condiciones cambiantes.

Seguirán los pisos bajando, para amargura de los especuladores y propietarios, de los herederos... Seguirán las deudas subiendo. Algunos quisieron vivir por encima de sus posibilidades, ahora pagan las consecuencias. Vivían de prestado sin quererlo saber.

Los sabios lo advirtieron: "Hoy ríen, mañana llorarán."

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