10.19.2010

Solitaria llegada del invierno.

Solitaria llegada del invierno.

Cuando las luces de la tarde van muriendo lentamente, cuando pálidos brillos amarillos se reflejan antes de extinguirse en homenaje al estío.

Atrás quedaron los luminosos días, los dorados ocasos del crepúsculo. El calor se desvanece anunciando el reino del frío, se pierde como el agua entre los dedos. Es una luz melancólica y hermosa, pero fría y falta de ardor. Digna y altiva. Los últimos rayos de sol lamen los tejados mientras la oscuridad ya se ha apoderado de las vacías calles, antes de la iluminación artificial, con una pesada sombra azul. Oscuridad  azul en los portales, en las aceras sembradas de coches, en los cerrados comercios, oscuridad nada más. En lo más alto brillos metálicos sobre el silencio que impone el frío. Aves encaramadas en sus atalayas, quietas y silenciosas. Campa el viento a sus anchas, una corriente dura e implacable que llega en oleadas cortando la respiración. En el horizonte nubes oscuras, macizas, pesadas, secas, avanzan sin decidir el rumbo, cúmulos otrora algodonosos y ahora negros como la noche, con rosados penachos allí donde la luz los consagra. Un último esfuerzo antes de caer rendidos ante el amarillo, el enfermizo amarillo que surge de todas partes, globoso, impertinente. Viene como una avalancha imparable, destruyendo los bellos colores de la naturaleza. Las nubes antes oscuras renacen como formas lechosas en la oscuridad total del cielo. Continúan avanzando,  uniéndose, recorriendo las distancias hasta formar un manto luminiscente que brilla con enfermiza persistencia. La temperatura baja y en las calles informes y anodinas sombras oscuras recorren aprisa sus destinos. Es el frío el amo de este mundo dorado y negro.

2 comentarios:

  1. Publicado originalmente en windows live space el 29-11-2009.

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  2. Genial!, la verdad que no sé cómo un paisaje urbano puede evocarte tanto...
    Me encanta, me envuelve...
    Pipety

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