10.19.2010

Tales of rodents 1.

Tales of rodents 1. The beginning.

En un principio había dos. Por un tiempo fue bueno.

Dos, de los que saldrían todos los demás. Eva y Adán primigenios. No tenían nombre. De la pajarería llegaron, de su hogar tomaron posesión. Una jaula grande, espaciosa, con una casa en su interior y una rueda giratoria.
En un principio pacíficos, llenos de energía. Él, marrón con el vientre blanco, ella, toda de color dorado. Nadie sabe si hubo amor, ni importa, su misión era procrear y así lo hicieron en múltiples ocasiones.

La procreación del hámster es sencilla, el macho, movido por el deseo como sus homólogos humanos, monta a la hembra, la cual algunas veces le ha excitado previamente con posiciones provocativas y un asqueroso y repugnante olor almizclado a flujo vaginal, que penetra hasta los huesos pero que a los machos resulta irresistible. La cópula resulta breve, unos pocos segundos aguanta el macho, debido a sus compulsivos movimientos. No se sabe ni se sabrá jamás si la hembra queda satisfecha, poco le importa a su machista compañero. Una vez saciado, se lame sus partes, haciendo honor al dicho "el buey solo bien se lame."
Numerosos coitos de ese tipo se producirán las horas siguientes, asegurando la fecundación de estos prolíficos roedores.

Animales curiosos, omnivoros, vivarachos, duermen profundamente todos apiñados, graciosa la bolsa de alimento de sus carrillos, de dientes largos, armas ocultas y poderosas. Amigos de las pipas y los frutos secos, enemigos de felinos y cánidos.
De dieta variada y equilibrada: lechugas y zanahorias, todo tipo de frutos secos, los famosos palos, de venta en tiendas y otras viandas.
Pronto se hicieron vagos, sin saberse nunca las razones de dicho comportamiento, la rueda, cada vez menos utilizada y cada vez más aficionados a la comida.
La limpieza no era muy trabajosa, debido a que eran sólo dos, pero aún así, pises y cacas son desagradables, pequeños tubitos de mierda, que a veces son ingeridos por los propios animales.

Pronto ella quedó embarazada, al macho, al cabo de un tiempo, se le separó, para que no importunase a su compañera. También por miedo a que movido por los celos o el hambre repitiera la gesta de Urano y devorase a sus propios hijos. Así pues, él quedó en la jaula de un antiguo pájaro, feliz y tranquilo, viviendo una existencia reposada mientras en la otra jaula sus hijos iban creciendo. La hembra construyó un nido de pajas en el interior de la casa, lejos de miradas indiscretas y calentito. Con el vientre cada vez más grande, pasaban los días hasta que ocurrió el acontecimiento y ciertamente lo fue. Comenzaba una nueva era.


Del vientre de su madre salieron incontables criaturas, ciegas, sin pelo, numerosas y frágiles. Algunas escapaban de vez en cuando, pero prontamente eran retornadas al hogar por su vigilante madre. Poco a poco fueron creciendo, viendo y criando pelo. Entonces pudieron contarse, eran 15 crías, la superpoblación se haría evidente. Ese era su destino y a él caminaban. La madre, agresiva, impedía que por las buenas se tocaran a las crías o a la jaula misma, sus dientes no eran cosa de broma. El macho, por otra parte, seguía con su solitaria y tal vez feliz existencia.

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