Están aquí, entre nosotros,
concursos de llamadas en directo. Invaden por la noche, cuando la gente se
relaja tranquila, se aprovechan de las debilidades humanas y están aquí para
quedarse.
No es un fenómeno nuevo, el
primer contacto con ellos lo tuve en los canales locales, nuevos, pequeños,
llenos de basura, algunos sintonizados casi bien, otros solo rayas informes en
la pantalla. Junto a otros mitos ya olvidados de la basura, como La Bruja Lola , aparecían
estos espacios, entre la omnipresente teletienda y la pornografía. Eran timos
la mayoría de ellos, si no todos. Y ya fueron denunciados en su tiempo.
El coste del programa no puede
ser más barato, uno o dos presentadores en un plató de cartón-piedra. Ellos
disfrazados de chulitos, ellas de putón verbenero. Nos presentan un acertijo en
apariencia fácil, casi estúpido. Algunas veces contenían trampas, otras no. Los
imbéciles llaman desde casa con la esperanza de ganar una suma de dinero por la
cara, su avaricia puede con ellos nublando su buen criterio. No hay que sentir
pena por ellos, al igual que no hay que ponerse en el lugar de alguien que haya
sufrido en sus carnes el timo de la estampita, se lo tienen merecido. Pero las
llamadas no entran en antena, permanecen en espera, costándoles dinero a los
participantes. Esta situación se vuelve exasperante; los presentadores apremian
a la gente a llamar y se hacen los sorprendidos de que nadie lo haga. Y el timo
se repite en bucle continuo. Tras cierto tiempo entra una llamada y, para
sorpresa del sufrido telespectador, la respuesta del supuesto participante es
errónea o simplemente imbécil. Con esta maniobra otros indecisos se animan a
llamar para que el programa les libre de la pesada carga de su dinero. Varias
llamadas más de perdedores, que seguramente son cuatro parados contratados al
peso como ganchos, y por fin entra una llamada con un gancho que dice la
respuesta correcta. Esto es, prácticamente con seguridad, en los últimos
segundos del programa, a punto de expirar el tiempo. Y nuestro afortunado
concursante se lleva 100, 200 o incluso 500 euros, a pesar de que en la
pantalla están impresas cifras astronómicas, junto con dibujitos estridentes de
estilo tragaperresco.
Así es, en líneas, el formato.
Y así cayó al menos una vez mi
prima, en un funesto día.
Estaba con la familia, aislado
de la civilización en el pueblo, tratando de convencerles de lo fútil de su
empeño por ganar esos inexistentes dineros. No sirvió de nada. Dos veces
llamaron y dos veces la timaron.
Pudieron más las dotes
sugestivas del programa. Así fue en aquel tiempo, en aquellos canales: canal
53, Telemadroño, canal 33... ¡Cuantos más!
Poco importa que algunos fueran
imputados por fraude, que las llamadas entrantes fueran en realidad las de los
propios trabajadores del programa y nadie tuviera oportunidad de ganar. Eso lo
sobreentiende una persona con sentido común.
Un reconocimiento merecen los
presentadores de estos espacios, mantener a la gente gastando su dinero e
impulsarles a llamar depende casi en exclusiva de ellos, de como se lo monten,
de la labia que tengan. Tienen que pasarse al menos una hora hablando a la
cámara, diciendo las mismas gilipolleces una y otra vez y tratar de no provocar
aburrimiento. Pierden grandes cantidades de baba y corren el riesgo de
deshidratarse. Ellas usan la técnica de mostrar carnes para animar al personal.
Ellos a veces se marcan bailecitos con la musiquita que les ponen. Siempre
dando prisa al personal, siempre con cuentas atrás. Su esfuerzo hace que estos
espacios sean más entretenidos que las telenovelas. ¿Veremos a algunos de estos
portentos en la televisión dentro de unos años o como vendedores de MediaMarkt?
Con esta programación las
cadenas han destruido un espacio muy querido: las películas de madrugada.
Antiguas, de todo tipo, una forma
de conocer films que de otra forma pasarían inadvertidos, en el mejor horario,
cuando ya no hay ruidos que molesten su visionado. Sin duda, películas de una
calidad muy superior a los telefilmes con los que se nos castiga en la
sobremesa.
Una auténtica lástima.
Y ahora, si quieres llamar a
estos concursos, estás advertido.
Publicado originalmente en windows live spaces el 08-02-2008.
ResponderEliminarPipety ... - 8 Feb, 2008 - Hola Aeolis...pasé por aquí explorando espacios y me ha hecho gracia esta entrada...la verdad que razón no te falta...yo he visto esos programas en Localia, y me alucinaba mucho, porque cuando el presentador hablaba, era como si te estuviera extorsionando...no se...hasta me sentía mal por no llamar...
ResponderEliminarEn definitiva, la tele se ha convertido en lo que siempre ha querido ser...en una máquina de hacer dinero a nuestra costa...y mientras en la sobremesa las películas de las 4 que son todas iguales (de hecho con tres meses de diferencia, a lo mejor tienes suerte y te repiten dos veces "su coartada", "vida truncada" o "esperando un amor"...que aunque con títulos diferentes es siempre la misma peli...)
Bueno, espero no te haya molestado mi irrupción. Encantada de conocer tu espacio.
Chao!