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Pero ¿pensabas que alguien iba a
vender un piso así por esta cantidad?
Pues no.
A ver si al menos te enteras de
una gran lección, cuando algo es demasiado bueno para ser cierto, es que no lo
es.
Ya te veías en el barrio de Salamanca
como un señor (o señora) y todo era un truco para que entraras al blog.
Si realmente querías tomar esta
oferta aprovechándote de la necesidad de otro para sacar tajada no te culpo, el
mundo es así. Pero si encima querías comprar el piso para especular con él
mereces mil azotes hasta que se te ponga el culo rojo.
Cientos, miles de pisos vacíos
con los que la gente especulaba, ahora se han puesto a la venta en toda España,
aparecen como una plaga, raro es el inmueble que no tiene su cartelito de
alquiler o venta. Y no son pocos los que ostentan más de tres a un tiempo.
Y no se vende un piso.
Cartelitos que aguantan a la
intemperie, siendo objeto de todas las miradas, compitiendo entre sí. Su vida
es azarosa, llena de peligros, nacen en china y son desplazados por el ancho
mar hasta la península, en donde conviven con sus hermanos en las tiendas de
todo a cien. Son vendidos como rosquillas por los propietarios intranquilos
ante el rumbo de los acontecimientos. “Arturito, que los pisos no suben como
antes”. “Pues hay que vender, Merceditas”. Y compran el cartelito de “Se Vende”,
en color rojo apasionado. Es alegremente colocado en las ventanas o en el
portal y así se exhibe, con orgullo. Hasta que aparece en el portal otro
cartelito del vecino del cuarto, que también quiere deshacerse del piso de la
difunta suegra, este cartel viene en agradables tonos magenta y letras
fosforescentes, para que se vea en la oscuridad. Como los precios no bajan de
la cantidad sideral porque a Arturito no le da la gana perder el dinero que
creía que le iban a dar, ningún piso se vende.
Comienzan ahora los espionajes,
los propietarios de un piso llaman a escondidas a otros vendedores para conocer
los precios, generando falsas esperanzas. “Arturito, vete a los chinos a por un
cartel de alquiler”. Y Arturito va y compra un flamante cartel amarillo, de la
envidia que le dan los propietarios que vendieron sus pisos cuando la gente los
compraba caros. Y el cartel amarillo hará compañía al rojo y ambos serán
acompañados por los respectivos carteles de los vecinos. Que el portal puede aparecer
una mañana tapizado de cartelitos. Existe un curioso fenómeno y es que los
carteles parecen tener la propiedad de generar la aparición de otros congéneres
en el barrio, en una violenta explosión demográfica. Los mecanismos de este
fenómeno no son totalmente entendidos, por ahora.
Los que tienen más suerte
recibirán la llamada de varios interesados, pero en el alquiler, claro. Al
final, reticentes, aceptan ser caseros, pero solamente por poco tiempo: unos
meses o tal vez un año. A ver si así se logra vender el pisito la próxima vez.
Infelices ellos.
No todos se atreven a alquilar,
muchas personas temerosas del inquilino no quieren tal cosa y permanecen
estoicos con el cartelito original de “Se Vende”. Tras un tiempo, realizan con
él una maniobra de disuasión, una retirada fingida que ya le gustaría haber
podido realizar a los estrategas del pasado. Retiran el cartel de la vista,
dando a entender que el piso ha sido vendido, pero no. De esta forma engañan a
vecinos y curiosos y reducen la densidad de cartelitos del barrio. Tiempo
después, cuando menos se lo espera uno, el cartelito reaparece, con energías
renovadas, con letras en negrita. A ver si así...
Publicado originalmente en windows live spaces el 24-12-2007.
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