10.19.2010

Vilano errante.

Vilano Errante

Cuando los días se abren al calor del sol, cuando el viento trae su soplo, cuando las nubes de tormenta oscurecen las tardes, cuando la ropa de abrigo desaparece en el fondo de los divanes, cuando las muchachas enseñan sus prietas carnes, cuando las aves hacen notar su presencia con sus trinos, cuando la naturaleza nos regala el espectáculo de la vida, es el momento del vilano.

Paciente, inmóvil al principio, rodeado por cientos de sus hermanos a quienes jamás volverá a ver tras su salida. Unido a ellos, rozándose entre sí. Poco a poco se distancian, algunos incluso tiemblan frágiles al son del viento. Parece que quisieran ya escapar de su cuna, pero todavía no es el momento. El mundo exterior es ignorante a su presencia. Los vilanos se mueven cada vez más, despliegan sus sedosas alas, una brisa parece un huracán. Los primeros habrán de partir, los más valientes lo hacen ya, en un suspiro, en una fracción de segundo.

Vuelan raudos por los cielos, viendo todo el mundo a sus pies, a grandes velocidades, son marionetas en manos de su señor Viento. Al principio su velocidad es vertiginosa, luego más reposada, a saltos. Cuando el influjo que los impulsa cesa, planean con gran dignidad, con belleza innata. Parecen seres de otro mundo, de otros tiempos, son los señores del aire y lo saben. Mas aún entonces nadie se percata de su existencia, de su importancia como portadores de nueva vida. Son ignorados mientras el resto del mundo sigue con sus pensamientos.

Se posan tranquilos en el suelo. ¿En donde han caído? No lo saben y no lo sabrán nunca, pues carecen de mente. Puede ser en cualquier sitio. Nunca gobernaron su viaje, la vida les ha colocado al azar. Unos habrán caído sobre el asfalto, otros en terrazas, en pantalones, en cabezas humanas, los más malignos en ojos y narices, en bordillos. Los más afortunados estarán en tierra, en la materia de parques, campos, jardines y macetas. Puede ser a kilómetros de su planta madre, la que les dio la vida, o a unos pocos centímetros, en cuyo caso deberán competir con su progenitor y muy posiblemente morir intentándolo.

Pero su viaje no ha terminado, pues para muchos el reposo es sólo temporal, a la menor brisa remontan el vuelo, despliegan cabriolas en el aire. Una bella danza de vida, pero también de sana competición. De movimientos gráciles, como los bailarines, de belleza frágil y delicada. Los vilanos vuelven a acumularse, mucho más lejos que la última vez. Forman grupos, es el reencuentro con los hermanos, pero también una señal peligrosa, deberá competir con ellos y tal vez caer derrotado.

Fuera de los límites de la zona, fuera del interés de cualquier humano o animal, fuera de la influencia del viento, se encuentra el vilano. Sobre un campo solitario yace semienterrado. Está sólo. No hay insectos en los alrededores, no se percibe movimiento alguno. Es hora de hacer historia y crear el árbol. Es el ganador, ha cumplido su misión.
Nadie, al ver los vilanos en movimiento, puede predecir su futuro.


Vilano errante, que cabalga sobre el viento y nunca al vuelo pude coger.

5 comentarios:

  1. Publicado originalmente en windows live spaces el 19-06-2008.

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  2. Pipety ... - 22 Junio, 2008 - Eliminar
    Y...qué más da lo que los demás deseen?
    Los sueños son sueños y de sus dueños son...nada ni nadie puede detenerlos...porque son deseos expresados por el alma.
    Nunca llegamos a conseguir todo en la vida, siempre hay muchas cosas por las que luchar...quizá los conformistas se darían por vencidos...¿acaso eres tú de esos?....porque yo no lo soy

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  3. Rubén R - 23 Junio, 2008 - Eliminar
    El vilano no tiene ni alma, ni sueños, ni voluntad, ni siquiera movimiento propio. Suerte que haya pequeñas diferencias entre los seres vivos. Suerte de ser niño y no vilano.

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  4. Aeolis eleusis - 23 Junio, 2008 - Eliminar
    Las cuestiones quedarán explicadas a su debido tiempo, cuanto escriba El vacío de la Victoria.
    Y usted, al que creía ya muy lejos de este lugar, no puede compararse con un vilano, porque tiene capacidad de elección como así ha sido, aunque tampoco es niño salvo en su bello relato, del cual me conmueve siempre el amor que derrocha por sus protagonistas.

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  5. Rubén R - 1 Julio, 2008 - Eliminar
    No crea, compañero. Los revolcones de la vida llenan de polvo la inocencia, espolean la atención y me temo que lleguen a poner demasiado en alerta los sentidos, para evitar volver a caer y hacerse daño. Irremediablemente, uno cada vez es menos niño moreno.

    En cuanto al cariño por los personajes, no hace falta que le explique el amor que he sentido y siento por mi último protagonista...

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