10.19.2010

Vilanos de algodón.

Vilanos de algodón.

Cada año a principios de Mayo, la Facultad se ve invadida por una tormenta de vilanos plumosos que penetran por todos sus recovecos sin piedad. Entran sin pedir permiso de forma furtiva y se meten hasta en la cocina. Se trata de las semillas del chopo o álamo, unas semillas pequeñas, insignificantes, ocultas entre una envoltura de plumón blanco y sedoso. Surgen de la nada y movidas al azar del viento flotan graciosamente hasta posarse en todos los lugares posibles, resultando en ocasiones persistentes y tozudas en su empeño por viajar.
Se acumulan en las escaleras, en el suelo, en los bancos, entre la ropa y llegan a formar grandes concentraciones que se desplazan como si tras un cierto número adquirieran vida propia, deseando incorporar a más de su especie para adquirir volumen. Son nieve viviente, una granizada cansada y una de las escenas más hermosas de la primavera.
Sin prisas, caen de forma continua desde las alturas de su árbol cuna durante días, ante la indiferencia de la mayoría de los humanos, que tan solo se percatan de su existencia cuando un blanco vendaval les impide su holgazaneo diario. Sin prisas también caen al suelo, levitando por el camino. Y allí permanecen hasta que el caprichoso viento les vuelva a enviar a un viaje celeste. Prácticamente ninguna tiene posibilidades de convertirse en una planta del porte de su progenitor, su destino es desaparecer fugazmente como una ilusión. Y así, tras varios días de completa hegemonía, una breve llovizna limpia los paisajes de su presencia, en un silencioso adiós.


Suave manto de blanco algodón, efímero y libre.

1 comentario: